Libro I, Capitulo 9: Un Demonio Llamado Varg, Parte 2

Regulus todavía no lo terminaba de entender, tenía la ventana perfecta para irse, aún tenía tiempo, los guardias, al menos los que no habían huido, estaban tendidos en el piso, como muñecos de trapo, el lobo y el zorro estaban concentrados entre ellos, entonces, porque carajos no se había ido?, que estaba esperando?, una invitación? Y luego ese estúpido zorro? Que intentaba probar!?, si el lobo no lo mataba, seguramente lo dejaba peor que a los guardias.
De la nada el zorro levanto su sable apuntado al lobo, se ve que aún estaba inmerso en un mundo de dolor, y exclamo –No me importa que busques! Ni quien seas! Simplemente no puedes hacer esto!, nadie está encima de la ley y mucho menos esta encima de los demás no te puedes burlar así de mí y mucho menos de mis guardias!, no seas cobarde desenvaina tu espada y enfréntame como es debido!- Regulus no podía creer lo que escuchaba y veía, el zorro estaba retando al lobo, si el lobo podía pelear de esa forma sin armas, no quería ni imaginarse todo el daño que puede causar con un arma, Varg sonrió, no de manera maliciosa, si no de manera alegre, como si hubiera encontrado algo que había estado buscando por mucho tiempo, vio directamente a Sebastián a los ojos y proclamo, -Si eso es lo que quieres, está bien, así lo haremos- acto seguido, levanto su grillete, puso su rodilla sobre la cadena que unía a los grilletes y ZAZ! De un solo movimiento rompió las cadenas con todo y grilletes, de donde había salido este tipo?, Regulus se preguntó, Varg contemplo el piso, se agacho y tomo uno de los muchos sables que quedaban de los guardias, lo desenfundó y se acercó lentamente a Sebastián, el zorro dudo por un momento pero se mantuvo firme, espero y cuando vio que el lobo estaba lo suficientemente cerca, levanto su sable con un rápido movimiento y lo dejo caer de manera vertical sobre el lobo, cortando solo el aire, el lobo se había hecho a un lado en el momento justo, agarro los brazos del zorro y sumió la punta del sable en el abdomen del zorro, atravesándolo por completo, retiro el sable ensangrentado y lo tiro a un lado de la funda, abrazo al zorro y lentamente lo sentó en el piso, uno pensaría que lo hacía como seña de superioridad, pero parecía más como seña de respeto, tomo el sable, lo limpio con su saco, lo volvió a poner en su funda y lo dejo en donde lo había encontrado, después vio al zorro y pregunto, de manera serena y amable, como si fueran amigos de toda la vida, -Ahora que ya te complací a ti, es tu turno, dime donde está el paquete y no te provocare más daño, no quiero seguir derramando sangre inocente-.
Sebastián se sentía débil, humillado, derrotado, su cuerpo estaba entumecido, su abdomen se sentía tibio y la pata que puso sobre la herida empezó a humedecerse, estaba perdiendo sangre rápidamente, lo único que lo consolaba, es que si iba a morir, lo cual parecía más obvio con el paso del tiempo, lo iba a hacer cumpliendo su trabajo, no se iba a atrever a irse fallando su misión, rezo, no, rogo, con las pocas fuerzas que le quedaban, no solo al espíritu de su madre, no solo a Zorro, no solo a Cannis, si no a la misma Gaia, madre de todas las criaturas, que por favor, por favor, el mensajero haya presenciado la escena y haya optado por encaminarse al palacio, si era así, lo único que tenía que hacer Sebastián, o seguir haciendo, era distraer al lobo para que el mensajero pudiera llegar con bien, así que, aun después de la forma tan humillante en la que había sido herido, iba a hacer lo posible por seguir distrayendo al lobo, lobo?, esa criatura frente suyo no era mortal, no era lobo, la forma en cómo se movía, esos ojos grises y vacíos, el pelaje, la ropa, ese era un demonio, pero a Sebastián no le importaba, lo miro a los ojos y con toda su voluntad y poca fuerza que le quedaba le respondió –Adelante, acaba el trabajo, no importa que hagas, JAMAS!, te diré donde estaba el paquete- lo cual era irónico, porque Sebastián no sabía ni donde estaba el mensajero ni donde estaba el paquete, su vista empezaba a nublarse, todo empezaba a perder sentido, y el lobo, lo veía de una forma…..no era compasión, ni lastima, ni tristeza, si no, orgullo, lo veía como si Sebastián hubiera sido su compañero, de la forma en como un capitán ve a otro capitán, Sebastián pensó que en lugar de ver a un enemigo o a alguien débil, el lobo veía en el a un guerrero caído, bueno, al menos el bastardo tenia principios y modales, Sebastián y el lobo se miraron fijamente, Sebastián se puso de rodillas, con la poca fuerza que le quedaba, levanto la cabeza y paro las orejas, si me iré, me iré con orgullo, como mi padre me enseño y vio fijamente al lobo, no iba tener el atrevimiento de cerrar los ojos, por otro lado, el lobo cerro los ojos y estaba por desenfundar su espada para dar el último golpe, cuando de la nada se escuchó detrás del lobo un grito que decía –HEY!- Sebastián y el lobo miraron en una de las esquinas oscuras y vieron salir de entre las sombras a una criatura, que al menos Sebastián podía jurar era otro demonio, era un león, que por sí solo ya era raro porque los leones se extinguieron en la guerra de las casas, pero no solo eso, su pelaje, era completamente negro, como la noche, tan negro que si no hubiera salido, pudo haber jurado que el grito era de alguna sombra, sus ojos parecían dos soles, dorados y encendidos que despedían una pasión increíble, era muy alto, más alto que el lobo, su cuerpo era de alguien que se ejercitaba con frecuencia, tenía algunas cicatrices que parecían más como trofeos de conquistas anteriores que heridas, llevaba unos pantalones de cuero, algo ajustados que denotaban los músculos de sus piernas, un cinturón con algunas bolsas y una daga, en su pata derecha tenía una espada de doble filo, que era bastante grande y se veía pesada, por la forma en cómo se contraían los músculos de su brazo, en las muñecas llevaba un par de brazaletes de cuero y su peto era de cuero, pero sin mangas dejando a relucir dos brazos que estaban listos para pelear, sobre sus hombros colgaba una capa tan larga como su amo y de un negro intenso, que se ondeaba de manera majestuosa con el viento primaveral, su melena estaba recortada , Sebastián se imaginaba que con la melena completa se vería el doble de intimidante, lucia joven tal vez unos años mayor que Sebastián, jamás había visto a un león antes, al menos no en persona, había estado en presencia de algunos tigres y panteras en el palacio, pero ni el mismo Rey Chesire, intimidaba tanto, tal vez él era un rival digno para el lobo.
Eres un idiota, se decía a sí mismo, por qué hiciste esto! Por qué te arriesgas así?, no conoces al zorro, si era lindo a la vista y muy valiente, también daba la impresión que no era corrupto, pero porque tenías que salir a salvarlo!, el pobre estaba más muerto que vivo, pero Regulus sabía muy bien porque lo hacía, sabía que al menos lo tenía que intentar, era una frustración muy grande el ver como alguien inocente muere de esa forma, sabía que si huía y dejaba al zorro a su suerte, no podría dormir por semanas, y eso si no se enteraba después de que el zorro había muerto, por lo menos Regulus lo intentaría, no, lo salvaría, tenía que pensar en algo y rápido, el lobo lo estudio por un momento, con una mirada intrigante, no era la primera vez que pasaba eso, según había escuchado no habían ya leones en el reino, por alguna guerra o algo así, entonces la gente lo miraba así muy a menudo, pero esto era algo más, era como si Regulus fuera alguien que el lobo hubiera esperado a que llegara hace mucho tiempo, -Varg, cierto?- El lobo le lanzo una mirada furtiva y Regulus entendió al instante –Capitán Varg, disculpe, mi nombre es Regulus- Regulus hizo una reverencia y continuo –Te pido que dejes ir al pobre zorro, él no es como tú o yo, a nosotros nos pagaran directamente por recuperar la carta y a juzgar por todos los problemas que estuviste dispuesto a tener por recuperar dicho paquete, asumo que te pagaran igual o incluso más que a mí por el paquete, pero a el- Regulus señalo al zorro, que luchaba por mantenerse consiente – estoy casi seguro que no le pagaran ni una décima parte de lo que nosotros ganamos, el pobre ni sabía por qué estaba aquí, aparte, él no tiene lo que buscas, pierdes tu tiempo- Varg le lanzo una mirada de curiosidad y dijo –Y porque estas tan seguro que no lo tiene?- Regulus se hizo a un lado y señalo a donde se había escondido –Hay encontraras un morral vacío, pequeño, si te acercas a olerlo, reconocerás la esencia de un mapache y mi esencia, yo personalmente le quite el paquete al mapache y está en mi poder y antes de que lo menciones, no, no te lo daré- Varg se cruzó de brazos lo miro fijamente y dijo –Admiro tu coraje, muchacho, pero está muy lejos de tu entendimiento, por favor, ya me canse, dame la carta y te podrás ir- Regulus lo miro de forma desafiante –No me importan los temas políticos pero el oro si me interesa y me pagaran muy bien, si te la doy perderé la paga, por lo visto, creo que tu estas en la misma situación- Varg esbozo una sonrisa y dijo –Mira, yo tengo todo el tiempo del mundo, pero….tu amigo, no creo, sé que el hedor a sangre ya te llego, a él no le queda más de media hora, antes de que se desmaye y muera, si me das la carta, dejare que te lo lleves, para que lo cures y antes de que lo digas, se por qué saliste de tu escondite, fue para salvarlo, desde que llegue note tu presencia, tu pelaje te ayudo a esconderte, pero tu aroma no, me sorprende que los guardias no te hayan notado, así que, tú decides, la carta o el zorro, te recomiendo que te des prisa porque si no, tendré que decidir por ti- Regulus se quedó mudo, el muy bastardo había lastimado a Sebastián para obligar a Regulus a salir, como se atreve, Regulus podía sentir como la ira se acumulaba, apretó los puños, tenía que pensar en algo rápido, a Sebastián no le quedaba mucho tiempo, quería cortarle la cabeza a ese infeliz, como se atreve a usar a alguien inocente para sus fines.
De la nada el cielo se nublo y la temperatura empezó a bajar, la expresión de Varg se endureció, desenvaino su espada, la cual era tan delgada como un sable, pero esta tenia doble filo y la punta era recta, la hoja era de un rojo intenso, la levanto hacia Regulus y exclamo –Se acabó el tiempo- y se abalanzó contra Regulus.
Regulus apenas pudo reaccionar, dando un brinco hacia atrás, esquivando la hoja, sin embargo Varg lo agarro de un brazo y lo azoto contra el piso con una fuerza descomunal, su cuerpo se llenó de dolor, como había pasado eso!?, apenas choco contra el piso se dio cuenta que Varg dirigía la punta de su espada contra el pecho de Regulus, logro patearlo en el pecho y usar eso de impulso para rodar sobre su espalda hacia atrás, Varg se recuperó rápido y cargo contra Regulus, apenas pudo levantar su espada, CLING!, las espadas chocaron, Varg uso su pata libre para soltar un zarpazo a la cara de Regulus, la rodilla izquierda para impactar en las costillas, CRACK!, eso definitivamente era una costilla rota, Regulus salió girando y callo sobre su brazo derecho, su cuerpo estaba entumecido, su hocico empezó a escurrir sangre del zarpazo, con mucho trabajo se logró incorporar sobre una rodilla, con la pata derecha sobre su espada para recargarse y la izquierda sobre sus costillas lastimadas, no podía creer lo poderoso que era este lobo, quien caminada lentamente hacia Regulus, todo estaba perdido, pero al menos, lo había intentado, sintió vergüenza de sí mismo, Varg caminada lentamente hacia él, lamiendo las garras ensangrentadas con las que había dado el zarpazo, Regulus noto que los ojos de Varg se habían puesto rojos, como dos pedazos de carbón ardiendo, cuando se acerco dijo –Esperaba más del mítico guerrero de la profecía, del mítico hijo de la noche, pero no fue así, que decepción, ahora….MUERE!- antes de que Varg pudiera alzar su espada, una gota de lluvia cayó sobre su hombro, ssssss, humo empezó a salir, como si le hubieran lanzado a acido, -NOOO!! MIERDA!- por primera vez Regulus vio a Varg nervioso, guardo su espada, miro a Regulus y exclamo-Nos veremos de nuevo hijo de la noche- y salió corriendo, desapareciendo en la nada, la lluvia se soltó, como lo había llamado? Hijo de la noche?, Regulus intento ponerse de pie, pero no pudo, si en definitiva al menos una costilla rota, volteo y vio que el zorro aun respiraba, Regulus se dijo a sí mismo -aun puedo salvarlo-, con toda su fuerza y recargándose en su espada, se puso de pie, pequeñas explosiones de dolor recorrieron todo su cuerpo, y camino lo más rápido que pudo hacia Sebastián, tenía que apurarse, le quito la túnica, le rasgo la camisa ensangrentada, luego con los jirones improviso un torniquete, que amarro alrededor del abdomen del zorro, el cual gruño de dolor, lo cual tranquilizaba mucho a Regulus, al menos seguía con vida, y le puso la túnica de vuelta, el zorro no podía caminar, Regulus, lo cargo, el dolor empeoraba, pero no importaba, el zorro no pesaba tanto, -por favor, no te desmayes- le dijo, y empezó a caminar, bajo la intensa lluvia, preguntándose si había hecho lo correcto.
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