Libro I, Capítulo 10: El capitán caído, Parte 2

Amir llevo a Regulus a una de las habitaciones vacías que habían en la vieja casa de Duncan, era una habitación sencilla, una cama pequeña, una silla junto a la cama y una mesa, en una de las paredes de la habitación había una ventana, la cual daba a la calle, una calle que poco a poco se quedaba más silenciosa por la hora, muchos negocios ya habían cerrado, en cuanto entraron a la habitación Amir ayudo a Regulus a sentarse, el león soltó un gruñido de dolor, las costillas lo estaban matando, -Ahorita regreso, voy por el material para curarte- habiendo dicho esto dio media vuelta y salió de la habitación, Amir no necesitaba diagnosticar a Regulus, ya estaba acostumbrado a este tipo de visitas, visitas donde Regulus llegaba arrastrándose lleno de sangre o con algunos huesos rotos, Duncan y Amir lo miraban decepcionado y en muchas ocasiones entre ambos tenían que cargar al león hasta la habitación para curarlo, después de un tiempo, al menos que las heridas fueran muy graves, Duncan no bajaba, le dejaba el trabajo a Amir.
Amir y Regulus tienen una historia tragicómica, tenían este tipo de rutina, Regulus llegaba arrastrándose lleno de sangre, heridas y huesos rotos y amir y Duncan se encargaban de repararlo, se quedaba un par de días, y regresaba a hacer su trabajo, esto era una ventaja para amir porque así él podía practicar en Regulus a curar a los demás, lo cual era la pasión de Amir, el poder curar no solo el cuerpo físico si no el corazón y el león era el ideal, pero también disfrutaba hacerlo porque el león era buena compañía, al principio Amir se quedaba toda la noche junto a la cama del león cuidándolo, después de un tiempo se quedaba por que le gustaba ver al león dormir y un día el león lo invito a dormir con él, después de esto Duncan ya no bajaba a recibir a Regulus, al menos que fuera muy serio, dejaba que Amir se encargara del león, y esos días fueron maravillosos, después de un tiempo, habían noches en las que el león simplemente llegaba, sin estar herido, con el pretexto de ver a la nutria, los dos se habían enamorado perdidamente del otro, disfrutaban el tiempo juntos, Amir disfrutaba curar al león y el león disfrutaba la atención de amir, el afecto de amir y con el tiempo eso se fue acabando, las heridas empeoraban con el tiempo, luego pasaban días y amir no sabía del león o luego el león se marchaba antes del amanecer, dejando a amir solo, amir muchas veces intento convencerlo de que se retirara, que podía hacer el bien de otra forma y Regulus se negaba, las discusiones empeoraban y un día, Duncan decidió que no era correcto que Amir lo siguiera atendiendo, Regulus y amir se apartaron, lo cual los dos llegaron a la silenciosa conclusión de que era lo mejor, con el tiempo Regulus se había vuelto mejor y sus visitas empezaron a ser más escazas, una vez a la semana, una vez al mes, y así, con el tiempo los dos pudieron entablar una conversación y se dieron cuenta de lo mucho que se aún se querían, pero Regulus no iba a guardar su sable y Amir no iba a estar esperando a Regulus con la preocupación de que la siguiente vez que lo fuera seria en una zanja.
En la habitación todavía quedaban estragos de la esencia de la nutria, era dulce y cierto toque a madera, amir era una nutria, de estatura baja, 1.60 aproximadamente, pelaje café en todo su cuerpo, orejas pequeñas y ojos cafés profundos, su carácter era un poco volátil e impulsivo, como el de un niño, pero cuando se trataba de su trabajo era alguien recio, se lo tomaba muy en serio, no tenía un cuerpo musculoso pero era muy hábil con las manos, siempre lograba reparar a Regulus sin importar que tan lastimado estuviera, tanto de su cuerpo como de su corazón.
Cuando la nutria regreso al cuarto con un poco de agua, hilo, aguja y un par de vendas Regulus sonrió, esa extraña nostalgia que se sentía en el ambiente era agradable, triste, pero agradable, el aroma de viejos tiempos, Amir sin decir nada se acercó a Regulus y con cuidado le ayudo a despojarse de su capa, luego deshizo las amarras del peto, luego los brazaletes, le indico a Regulus que levantara los brazos y con sus suaves patas palmeadas empezó a sentir el lado lastimado del león, a diferencia de muchos de los ayudantes del viejo carnero, amir no le tenía miedo a Regulus, sabía que no lo lastimaría, así que presiono con cuidado y mientras el león gruñía de dolor amir pudo sentir las costillas rotas, -Vaya, alguien barrio el piso contigo- amir le dijo con una sonrisa juguetona, -HA HA- Regulus exclamo de manera sarcástica, amir agarro un poco del ungüento especial del carnero y de manera suave empezó a untarlo en un lado de Regulus, nadie sabía que tenía ese ungüento pero la sensación de alivio llego de inmediato, amir agarro las vendas y empezó a pasarlas por el abdomen del león, -Tiene mucho tiempo que no hacíamos algo así- Regulus volteo la mirada, se sentía bien, pero sabía que no era lo correcto que la nutria solo encontraría desgracias a su lado, la nutria se dio cuenta de que el león se empezaba a sentir incómodo y decidió cambiar de tema, -¿Me contaras que fue lo que paso?- Regulus vio a la nutria a los ojos y dijo suspirando –Es complicado- Amir agacho las orejas y desvió la mirada, pero Regulus no necesitaba verlo a los ojos para saber lo que pasaba por la mente de la nutria –para ti todo es complicado, al menos me gustaría saber quién es el zorro que trajiste entre tus brazos- Regulus sabía a donde iba esto y no iba a ser bueno –Solo sé que se llama Sebastián y que es alguien del palacio- Amir seguía sin dirigirle la mirada a Regulus, termino de vendarlo y lo vio a los ojos –No sabes nada de él, pero lo trajiste cargando, con las costillas rotas?- Regulus agacho las orejas y desvió la mirada, Amir suspiro, y con un dedo giro la cabeza de Regulus para poder verlo a los ojos, esos ojos dorados que tanto le fascinaban, incluso cuando había tristeza en ellos no dejaban de brillar –Disculpa, es solo que, me preocupo, no quiero que te pase nada malo- Regulus levanto las orejas pero aún se sentía mal, frustrado más que nada, frustrado de no poder hacer feliz a amir, de no poder arreglar a amir de la forma en como lo arreglaba a el –Mira, estoy bien, hirieron al zorro, iban a matarlo y no sé, no podía dejar que pasara eso y pues a mí también me fue mal- amir no dijo nada, agacho la cabeza, Regulus agarro las patas de amir y le dijo –Gracias, ya me siento mejor y todo es gracias a ti- ambos se perdieron en la mirada del otro.
La puerta de abrió y de ella salió Duncan, entro en la habitación vio a Amir y le dijo –Necesito que subas con el zorro y te quedes con él, también lleva ropa limpia, su ropa se ensangrentó y necesitara un cambio, yo terminare con Regulus, necesito preguntarle un par de cosas- Amir asintió se puso de pie y salió cerrando la puerta detrás de él, Duncan observo a Regulus y le dijo -¿Me dirás que hace el capitán de la guardia real en mi casa?-.
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