Libro I, Capítulo 11: Una Doble Jugada, Parte 1

Lentamente camino entre los arboles del bosque que se encontraba del lado este de Felenis, después de un rato llego a la cueva, con paso perezoso entro en la cueva y dejo que la oscuridad de la misma lo absorbiera, siguió caminando en medio de la oscuridad, desde hace mucho tiempo la luz y la oscuridad lucían igual para él, no se tomó ni siquiera la delicadeza de sacar sus patas de las bolsas de su vieja y empolvada túnica, después de caminar un rato llego a un pequeño cenote ubicado en la parte más profunda de la cueva, al llegar miro hacia el agua, que brillaba con un tono plateado, y después de un tiempo de ver que no pasaba nada hizo un gesto de desesperación con el hocico y pateo una de las pequeñas piedras que se encontraban a su alcance, la cueva vibro y después de un rato el agua empezó a brillar con más intensidad, de la nada se escuchó lo que parecían ser varias voces hablar al unísono –Ha regresado capitán Varg- él se quedó mirando el agua y respondió en un tono indiferente –He cumplido con su misión antiguos espíritus, el león y el zorro se conocieron y me he encargado de que sus destinos hayan sido unidos- la cueva vibro de nuevo y las voces hablaron otra vez –Bien hecho, tenemos tu siguiente misión- él se cruzó de brazos y exclamo –para ser espíritus antiguos no son muy educados que digamos, no se han tomado la molestia de preguntarme al menos si estoy dispuesto a aceptar la misión, aparte, desde que empecé a trabajar para ustedes, no me han comentado nada de lo que yo quiero a cambio, de lo que se me prometió- el agua permaneció quieta por un momento y después brillo de nuevo –no hemos olvidado nuestra promesa, tienes que entender que no trabajas para nosotros, solamente estas cumpliendo con la voluntad de las estrellas, nosotros no podemos interferir de manera directa con los mortales, las leyes sagradas lo prohíben por eso necesitamos de tu ayuda, ya que tú eres capaz de caminar entre ambos mundos, cumple con nuestros mandatos y serás recompensado con lo que más anhelas- él se quedó mudo, era muy tentador, aparte, le daba la impresión de que el león podía ser un formidable oponente en las condiciones adecuadas, ya habían pasado algunos años desde que no encontraba un rival digno de él –de acuerdo, ¿Qué es lo que debo hacer?-.
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