Te necesito

Yo tenía una vida nocturna muy activa. Salía cuatro o cinco noches a la semana a antros y salones de baile, iba en grupos de alrededor de cinco personas, todas igual de bulliciosas que yo. Me gustaba embriagarme y sentir la palpitante ensoñación de mis sentidos anestesiados, pero lo que más disfrutaba era provocar a mis amigos y amigas cuando me contoneaba sugestivamente contra ellos.

En más de una ocasión disfruté de ser rodeada por la espalda por los brazos de algún cuerpo joven mientras mis labios y mis manos exploraban otra piel. Me divertida y no me arrepiento. Sin embargo, cuando pienso en toda la gente que asistía a esos lugares, no puedo evitar pensar que mi exposición a tantas miradas facilitó que él finalmente me encontrara. Me capturó a finales de otoño, un miércoles por la noche. Lo había estado planeando por semanas, pensó en cada detalle para no errar, él me lo dijo.

Llegué al antro en La Condesa alrededor de las 8 de la noche, fui allá directamente saliendo del trabajo… odiaba mi trabajo. En el antro me encontré con dos de mis amigas más guapas, pedimos cinco o seis rondas de tequila mientras bailábamos entre nosotras; como era mi costumbre tomé un agitador para bebidas de la barra y lo guardé en mi bota, era mi forma de recordar cada noche de fiesta y hacerla “especial”. Esperábamos a otros amigos, no estoy segura si llegaron o no porque perdí la conciencia más o menos una hora después de llegar. Él estuvo acechándome desde que entre al lugar, esperando el momento oportuno para hacer su movimiento; sin que nadie se diera cuenta puso algo en el tequila mientras bailábamos. Supongo que cuando me arrastró entre las parejas y grupos que se emborrachaban y bailoteaban en la pista decía que era su novia o su hermana y que había bebido de más… sé que eso ya no importa, pero me parece indignante la facilidad con que un maniático sacó a una mujer drogada de un sitio abarrotado de personas como yo.

No sé cómo logró traerme hasta este cuarto, su cuerpo es muy delgado y escuálido y no parece que haya alguien que le ayude en nada. No creo que sepa socializar pues le cuesta trabajo hablarme, aún teniendo completo control sobre mí. Imagino que tomó un taxi saliendo del antro, si el taxista sospechó algo debió usar la misma que excusa que habría usado en el antro. Tal vez tomo un Uber, los taxistas de Uber no preguntarían algo incómodo por miedo a recibir una baja evaluación, o tal vez el taxista de Uber lo ayudó a subirme y a bajarme del automóvil buscando una evaluación excelente… estúpidos pensamientos ociosos que uso para distraerme de mi situación.

Creo que desperté tarde el jueves porque no hubo café ese día y siempre me sirve café por las mañanas, pero no puedo estar segura, ya nunca veo el sol. Cuando recobré la conciencia recuerdo que me sentía muy nerviosa, pensé que me había emborrachado mucho y había terminado en la cama de algún desconocido, pero esa fantasía duró poco. Nadie ha despertado después de un encuentro casual en un antro vestida con una bata de hospital, nadie ha despertado después de algo así con un grillete en el tobillo, ni con el pelo recortado. Ante el pánico que sentí al verme de esa manera salté de la cama en la que me encontraba y traté de correr a la puerta, la cadena que me sujetaba el tobillo me detuvo violentamente a tres metros de la manija y me hizo caer. Comencé a gritar con todas mis fuerzas: – ¡Ayuda! ¡Sáquenme de aquí! ¡Por favor! – Me arrastré con desesperación, llorando y suplicando. Después de unos momentos que parecieron una eternidad él abrió la puerta.

La primera vez que vi su máscara me tranquilicé por un instante, traté de entender que significaba lo que estaba viendo. Esos ojos pequeños emergiendo patéticamente del agujero de una malla de mujer color piel, con una sonrisa boba dibujada con plumón permanente rojo a la altura de boca. Su mirada ansiosa se situó en mí, era la mirada de alguien cuando tiene un deseo insoportable, la mirada de alguien que se muere de hambre. Me contempló sólo un instante, después dejo la puerta abierta y caminó hacia la derecha, por fuera de la habitación, yo empecé a gritar de nuevo: – ¡Sácame de aquí! ¡Por favor! ¡No, no, no! – Regresó casi de inmediato con una silla de plástico, de esas que usan en los restaurantes en la playa, es particularmente dura esta silla; él temblaba nerviosamente cuando entró al cuarto, quise sujetarlo, pero antes de que pudiera tocarlo me electrocutó con un taser pequeño, entró nerviosamente al cuarto mientras yo me sacudía en el suelo.

Él colocó la silla en el centro del cuarto, la atornillo al piso y me pidió que me sentará, yo no podía moverme por miedo y por la descarga, sólo puede balbucear “ayúdame”. Él me arrastró torpemente y me sentó en la silla, me amarró a ella con unas correas de cuero adaptadas a los descansabrazos para sujetarme las manos y a las patas de la silla para sujetarme los pies. Se inclinó para poner su rostro frente al mío y me dijo que se sentía muy mal pero que yo lo ayudaría a sentirse mejor, me dijo que yo tenía algo que le hace falta. Entonces sacó una navaja de su pantalón y antes de que pudiera reaccionar me cortó la muñeca derecha muy profundamente, grité al instante y traté con todas mis fuerzas de liberarme, él se agacho, se levantó la malla para descubrirse la boca y comenzó a succionar los borbotones de sangre que salían de mi brazo. En menos de un minuto me desmayé.

Por varios días no tuve fuerza para pararme, él se sentaba a lado de la cama y me daba de comer en la boca, apenas podía tragar la papilla que ponía en mi boca con esa vieja cuchara de madera. Calculo que pasé una semana seminconsciente, hasta que de repente desperté débil, pero con la capacidad de pensar con claridad. Vi a mi alrededor, ahí seguía la silla de plástico atornillada en el centro de la habitación, yo estaba en una cama de hospital a la derecha de la silla; a los pies de la cama hay una mesa de madera, a la izquierda del cuarto hay un escusado con un rollo de papel y al extremo contrarío del cuarto hay una pequeña puerta. Tenía dolor y comezón en mi muñeca así que la acerqué a mis ojos deslumbrados por la luz blanca que emanaba de dos pares de focos tubulares fluorescentes. Bajo una gaza pude ver como mi muñeca había sido cosida con cinco puntos, entonces todo lo ocurrido resurgió en mi memoria en un torrente de imágenes y comencé a llorar y a gritar de desesperación. Cuando él fue me llevó el desayuno yo estaba descontrolada, temerosamente dejó la comida a mi alcance y se fue antes de que pudiera alcanzarlo, mis fuerzas eran pocas, pero intenté con todo mi espíritu atraparlo. Cuando llegué a la bandeja que contenía la comida la arrojé contra la puerta.

Pasé dos días sin comer hasta que él abrió la puerta, no llevaba la bandeja con comida. Caminó directo a mí y me electrocutó con el taser por largo tiempo, no hice mucho por defenderme, estaba muy débil. Me llevó a la silla y me amarró como aquel primer día, salió del cuarto y regresó con suero y suplementos alimenticios. Me inyectó el suero. Después me levantó la cabeza y puso un embudo en mi boca por el cual empezó a verter lentamente el suplemento alimenticio, cuando me resistía me electrocutaba de nuevo. Estoy segura que se reía debajo de la malla. Cuando terminó de alimentarme me sedó, y al despertar toda la comida que había arrojado a las paredes y embarrado por el suelo había sido limpiada. Desde entonces termino de comer y beber todo lo que pone en la bandeja. Mi vida se limitó a gritar y llorar, comer y dormir, me estaba volviendo loca.

Una noche dejé de llorar. Puedo distinguir entre el día y la noche porque él los crea artificialmente: doce horas la luz está prendida y doce horas la luz está apagada. Entonces era de noche para mí cuando dejé de enfocarme en mi sufrimiento y buscar formas de escapar. Exploré la habitación a tientas buscando algo que me ayudara a salir de ahí, toqué el piso hasta donde la cadena que tengo afianzada a mi tobillo me permitió, no encontré nada, todo el cuarto estaba perfectamente barrido y trapeado, sin cosas que pudiera usar como herramientas, además la construcción es sólida salvo por una parte del muro al que está pegado la cama, que parecía haber sido golpeada por un objeto contundente y había dejado expuesta la esquina de un ladrillo, de alguna forma había quedado filosa por el golpe. Debajo de la cama encontré el agitador que había tomado en el antro; él se había llevado toda mi ropa, pero cuando me desvestía debió tirar el agitador y no se dio cuenta. Decidí guardar el agitador debajo del colchón de la cama.

El temporal momento de decisión personal duró poco, terminó cuando mi estancia en el lugar cobró sentido. Un día él consideró que mi fuerza física era suficiente para continuar la “extracción”: abrió la puerta con su nerviosismo habitual y me ordenó que me sentara en la silla, yo hice caso, no tenía sentido que sufriera ataques con el taser si no tenía un plan de escape. Cuando se acercó a atarme las correas tuve un impulso casi incontenible de golpearlo y correr, pero vi que tenía en la mano el taser y luché por tranquilizarme. Terminó de atarme y entonces, según sus palabras, me concedió la cortesía de explicar sus intenciones, dijo que soy una persona muy especial, y que hay muy pocos como yo. Hice un esfuerzo por calmarme y le dije que si me considera especial debería dejarme ir; me dijo que no puede, porque necesita de mí, porque él es débil. Le pregunté cuando me dejaría ir, le dije que si no pensará dejarme ir no se cubriría la cara, con esa afirmación había tratado de convencerme a mí misma de que eventualmente sería liberada. Entonces él se quitó la camisa negra que llevaba puesta, con mucho cuidado para no quitarse la malla por accidente; su torso es esquelético y pálido, casi verdoso, como el de un hombre muy delgado que acaba de fallecer. Me dijo que me quedaría ahí, que sería parte de él, y señaló un área de su pecho, a la altura de las costillas izquierdas. Entonces noté algo horrible, la piel que cubría sus costillas derechas parecía formar dos rostros, como si intentaran salir de ahí gritando, como si estuvieran atrapados debajo de su pellejo.

Me sentí tan horrorizada que perdí el control y comencé a luchar con todas mis fuerzas por liberarme de la silla. Él salió rápidamente del cuarto y regresó con una inyección preparada que aplicó en mi cuello, tuve un dolor intenso y luego me dormí al instante. Cuando desperté estaba recostada en la cama con una gran cortada en mi muñeca izquierda que había sido cosida, me sentía terriblemente débil. De nuevo él me alimentó mientras estaba frágil, nunca me miraba a los ojos, detecté vergüenza en ellos, sin embargo, sus movimientos corporales se volvieron más seguros. Él me estaba buscando a mí en aquella noche de otoño, como había buscado específicamente a esos dos chicos antes. Nos buscó porque teníamos una fuerza que él no tiene, pero que anhela.

Después de esa ocasión cada vez que me ha cortado pone una bolsa negra sobre mi rostro, creo que no le gusta ver mi mirada de odio, pero supongo que mis quejidos no le molestan, a veces incluso escucho risitas a través del apestoso plástico que me pone en la cara. Me ha cortado el vientre, las piernas, la espalda y las plantas de los pies. No tengo fuerzas para correr, ni para gritar, me cuesta trabajo caminar y hasta pensar, pero rememorar lo que ha ocurrido me ayuda de alguna forma. Lo que más dolor me causa no son las heridas físicas, ni la falta de energía, sino que he olvidado por completo como se siente estar alegre. Recuerdo que yo era muy alegre.

Creo que ha succionado hasta la última gota de mi vitalidad y pronto concluirá conmigo, yo estoy pensando en adelantármele. Estos últimos días estuve afilando el agitador con el filo que hay en el muro, ahora el agitador es puntiagudo y espero que pueda penetrar piel, mi piel. No le daré la satisfacción de consumirme, me le voy a adelantar, moriré y le arruinaré sus planes. De todas formas moriré pronto, ¿o no?

No, no tengo que morir, puedo matarlo a él, sé que puedo apuñalarlo, tal vez en los ojos, sus horrendos ojos de monstruo, pero tiene que ser hoy, no sé si tengo más tiempo. Actuaré sumisa y cuando se me acerque lo apuñalaré, lo sorprenderé, piensa que me ha secado, pero no. Esta es mi única oportunidad de escapar, si falló moriré luchando, mi último aliento no será de dolor y arrepentimiento. Le mostraré que hay más vida en mí de la que piensa, se lo mostraré cuando le arranque esos ojos degenerados para que nadie vuelva a ver su mirada repulsiva.

Escucho ruidos en el edificio, está preparándose para entrar en la habitación, yo estoy lista. Tengo el agitador en la mano, la única arma que necesito. Escucho otra cosa, otros pasos, ahora risas. Ya no sé qué hacer, está abriendo la puerta del cuarto, viene con otros como él…

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