Saga Miedo I: Oscuro (Cuento Original).

El primer cuento de la Saga Miedo, espero lo disfruten todos los sábados por la noche, Autor: Jaime Alfredo Ladrón de Guevara Herrero.

Todos los días era lo mismo, párate temprano agarra tus cosas y sal de casa; el destino era lo que cambiaba, a veces me dirigía a un lugar en el centro otras veces a lugares más apartados, todo dependía de donde me llamaban. Una de las cosas que más disfrutaba era el trayecto, mirar por la ventana del metro o del camión y disfrutar los diferentes tonos de la ciudad y de las personas, estaban esos tonos agrios de desesperación u odio pero también los tonos muy dulces de lujuria y amor, había de todo en esta ciudad y me gustaba; pero también estaba la obscuridad y eso era una de las muchas cosas que odiaba sobre todo el terror de mirar directamente en la obscuridad y ver directamente en sus ojos, muchos me creen loco o paranoide, pero es cierto, siempre que miro puedo ver sus grandes ojos y afilados colmillos goteando baba, puedo apreciar las filas y filas interminables de manos de los que alguna vez miraron de más en la obscuridad y sin que me diga nada puedo saber lo que quiere: me quiere a mí y todo lo que yo soy, quiere tener un festín con mi carne y saborear mi alma, incluirme en su grotesca colección de víctimas, hacerme suyo y degradar mi ser de maneras inimaginables, su aliento tiene un penetrante olor a cadáver y su ya oscurecido pelaje está lleno de manchas de los muchos fluidos que sus víctimas dejaron ahi; algunas fueron víctimas de placer otras de dolor, algunas incluso de agonía, pocas de venganza, todos aquellos que han caído bajo esas oscuras garras han tenido alguna razón diferente para buscarlo, ¿cuál sería la razón de caer ahí para mí?.

Continuo mi viaje y completo mi trabajo, el sol empezó a ocultarse, huyendo de la oscuridad como yo, lo cual me hace sentir bien, al parecer no soy el único cobarde, al acercarse más la noche busco con desesperación el regresar a mi cálido hogar, evitando que la fría oscuridad me atrape en la calle, que esa asquerosa criatura me haga su presa en la vulnerabilidad del exterior, logro conseguir un taxi y le indico al señor el camino de regreso, como buen taxi de la Ciudad de México el conductor me empieza a hacer platica, en un vano intento de hacer mi trayecto más ameno.

 Circulamos por las oscuras calles de la ciudad, cada callejón oscuro es una invitación a un encuentro con la bestia, en algunos la veo devorando pobres almas, en otros lo veo violando cadáveres sin vida de otros bastardos que logro atrapar, mis nervios aumentan y no puedo esperar más; después de lo que pareció una eternidad dentro del taxi llegamos a la puerta de mi hogar, le pago al taxi con un billete de 100 pesos y le pido que se quede con el cambio, sin esperar más entro a mi hogar y me dirijo a mi habitación, evitando los oscuros rincones o pasillos sin ni siquiera mirarlos, sé que me espera ahí, sé qué pasara si miro de más en la oscuridad. Llego a mi habitación, cierro la puerta y me preparo para dormir, para escapar de la criatura en el mundo de los sueños, un mundo que yo controlo, donde yo soy el cazador y no la presa; en mi cuarto conservo una luz de noche con diseño infantil para evitar que quede rodeado por la oscuridad, para evitar sembrarle un camino de bienvenida lleno de tinieblas y grotescas sombras a aquel ser maldito que me asecha, que se muere por sentir el sabor de mi carne en su mal formado hocico, por desvirgar mi espíritu con su inhumano miembro, para poder ponerle fin a mi existencia material y comienzo a mi eterno sufrimiento bajo sus enormes garras, el solo pensarlo me eriza la piel y me siento como un niño indefenso que no tiene a donde huir ni a donde correr.

Con el acostumbrado nerviosismo entro en mi fría cama, me preparo para dormir y en ese momento escucho lo que jamás pensé escuchar, en ese momento me doy cuenta de lo estúpido que fui, de la forma tan torpe en como yo camine hacia una trampa mortal, como fui descuidado al no revisar las conexiones de manera adecuada, escucho la caja de fusibles hacer corto, en ese momento me paraliza el miedo, cierro los ojos y me preparo para recibir a aquel ser que siempre me asecho, darle la bienvenida como si fuera un viejo amigo y es ahí que siento como la oscuridad me absorbe, me posesiona y me hace suyo de una manera inexplicable, dolorosa y llena de sufrimiento; esa fatídica noche de mi muerte, esa nefasta noche en la que fui presa de un ser que fue concebido por las pesadillas mas obscenas, fue la noche en la que mi cuarto, mi alma y mi inocencia fueron absorbidas por la repulsiva obscuridad, fue cuando entendí el verdadero significado de la palabra: Oscuro.

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