Saga Miedo II: Sexo.

La segunda entrega de la Saga Miedo, ¿Alguna vez has sentido tanto deseo por alguien?, en esta historia aprendemos dos valiosas lecciones: nada es lo que parece y a veces los demonios pueden hacerse pasar por angeles.

Todas las noche era lo mismo, esperaba a que mi esposa o exesposa depende a quien le preguntes, se saliera con sus “amigas” a su noche de spa de cada viernes lo cual aprovechaba para salir a zona rosa, la rutina era ir a un bar encontrar algún culo joven, preferiblemente virgen y perforarlo hasta que mi lujuria se calmara hasta que haya liberado toda esa tensión de la semana, todos pensarían que a los 45 años sería difícil “ligar” como les gusta decir a los jóvenes hoy en día pero nada más alejado de la realidad, es muy fácil y más en el ambiente gay, donde muchos jóvenes están resentidos con sus papas y buscan una figura paterna, entonces llegas tú con canas y barba y de la nada te conviertes en alguien muy solicitado, algunos lo hacen por dinero y otros por la emoción de “estar con un hombre de verdad” yo no me quejo, suelo disfrutarlo mucho, llegar al bar, sentarme cerca de la pista de baile y ver como la amalgama de cuerpos se mueve de un lado a otro al ritmo de las canciones de esta generación, es excitante ver los cuerpos llenos de una ligera capa de sudor, los músculos contraerse y hasta el aroma a hombre que despiden esos cuerpos sudorosos del centro de la pista, lo cual me provoca sensaciones indescriptibles en mí.

No siempre vine a bares y por supuesto no siempre tuve la intención de recurrir a jóvenes y menos varones para calmar mi deseo sexual,  todo comenzó en uno de los muchos grupos donde impartía clase de matemáticas, cuando un joven de 18 años se acercó a mí, la forma en como posaba levantando ese culo tan rico que tenía y las insinuaciones tan perversas que me lanzaba con su mirada lasciva provocaba que me dieran ganas de someterlo sobre el escritorio y destrozar su inocencia, haciéndolo gemir y llenarlo de mi semilla, por la forma en como él me miraba sabía que tenía en mente algo similar, lamentablemente no fue más allá de unos besos y caricias ya que el solo estaba interesado en una calificación y yo estaba aprendiendo pero fue a partir de ese punto que yo que descubrí lo excitante que era dominar a un hombre.

 Lo que más me gustaba es que el viejo juego del coqueteo seguía vigente aun en esta época, salir de cacería con una mirada furtiva y con una sonrisa llena de seguridad, lo cual era más divertido con los hombres, con las mujeres es un poco más claro quién es la presa o el sumiso y quien el cazador o el dominante, pero con un hombre es más complicado el juego de la dominación. Poco a poco fui desarrollando un arquetipo del tipo de jóvenes que me gustaba llevar a las cabinas que están cruzando la calle y obligar a que saciaran mis deseos más sucios, ya fuera chupando mi verga o dejándome penetrarlos, ese tipo de jóvenes tenían que ser: esbeltos, color se tez no importa pero de preferencia morenos (son los que me provocan una erección más dura), de estura baja y con ropa ajustada (preferiblemente si usaban ropa femenina). Cada viernes podía estar con uno diferente y siempre era divertido ver qué tipo de perversión tenían,  a unos les gustaba desnudarte y probar con su húmeda lengua y carnosos labios el sabor de tu cuerpo centímetro por centímetro mientras que otros preferían desnudarse por medio de una sensual danza impidiéndote el tocarlos, en lo personal estos eran mis favoritos, como buen Leo siempre me gusto jugar con mi presa antes de devorarla.

A pesar de que siempre lograba venirme, ya fuera en alguna boca que apestaba a cigarro y licor o dentro de algún apretado culo, nunca acaba satisfecho, siempre me faltaba algo, llego un momento en que me empezaba aburrir, necesitaba algo más, alguien más, el sexo era bueno, pero siempre me quedaba con las ganas de experimentar más y más, de sentir cosas diferentes, inclusive, un día me atreví a tomar del cuello a mi acompañante en turno y empezar a apretarlo con fuerza hasta que ambos llegamos al orgasmo, eso logró que alcanzará más rápido el éxtasis, me di cuenta que me gustaba lo rudo, las veces que me lo permitían y algunas que no pero lo imponía, experimentaba ser más agresivo, sin embargo, el destino fue el mismo y el aburrimiento regreso como el agrio amante que es, a mí, empezaba a frustrarme y a no saber que más hacer.

Un viernes de junio me encontraba sentado con un vaso de vodka a un lado de la pista, el lugar estaba más lleno de lo normal, mire mi reloj y note que ya era casi la 1 de la madrugada y seguía sin encontrar con quien saciar mi hambre salvaje, mi instinto de dominar, las manos me temblaban de desesperación y estaba considerando seriamente levantarme y contratar algún escort de la calle de Praga, de todas maneras el dinero como el deseo de coger me sobraba. Ya mi segundo vaso de vodka estaba ya casi vacío y mi verga seguía flácida y mis huevos hinchados esperando a explotar en un orgasmo, estaba a punto de levantarme, fue en ese momento que lo vi entrar por la puerta, llevaba unos tenis tipo converse de bota color negro, un pantalón entallado igual negro el cual hacia relucir muy bien su bulto y su culo, una camisa blanca desfajada y con las mangas enrolladas, también algo entallada; tenía cabello negro lacio con un peinado sacado de alguna boyband actual, su tez era morena como el chocolate lo cual me hizo salivar con ansias de pasar mi lengua por su pecho desnudo y unos ojos grandes y cafés que no podía esperar más a ver los cerrados sobre la cama, media a lo mucho 1.60 y no le calculaba más de 20 años sus facciones andróginas me pusieron duro de inmediato, no podía esperar más, no quería esperar más,  lo tenía que tener, poseer, comprar y tenerlo en una vitrina en mi cuarto, desnudo y solo para goce mío o encadenando a mi cama para que todas las noches se encargara de deslecharme con esas manos pequeñas y delicadas, en ese momento daría todo mi dinero por una hora con él, mi vida por saber que se sentiría tener esa cadera en mis manos, ese pecho pegado a mí, esos labios carnosos y suaves alrededor de mi verga, lo quería,  no, lo necesitaba y lo necesitaba ya.

Y tal como si algún dios benevolente o el más maldito de los demonios me haya escuchado, aquel ser de infinita belleza volteo y fijo su mirada en mí, una mirada fría y desafiante, como diciendo “¿me quieres? Solo atrévete a intentarlo” los demás lo observaban también como queriendo violarlo con la mirada, como si su sola presencia provocara que todo se detuviera, a pesar de que varios intentaron acercase o hablarle él los ignoraba, avanzando con tal sensualidad y seguridad que provocó algunos suspiros a su alrededor, yo estaba petrificado, tenía miedo, no podía moverme ni hablar, su mirada me había hechizado y su cuerpo me provocaba más y más. Habiendo llegado a mi lugar se acercó a mí y me susurro con una voz aterciopelada y dulce “¿vienes solo?” yo en ese momento solo podía concentrarme en tenerlo cerca, en someterlo y hacerlo mío, afortunadamente pude asentir con la cabeza, él sonrió y le dio un sorbo a mi trago “dime, ¿cuál es tu nombre?” su voz se volvió más provocadora que su cuerpo, no podía esperar por escuchar esa voz pidiéndome que lo haga mío, sin chistar le dije mi nombre y el con una leve sonrisa se acercó más a mí, puso su mano en mi muslo y la subió lentamente llegando a mi bulto y empezando a masajearlo, luego puso sus suaves y carnosos labios en mi cuello y lo empezó a besar hasta llegar a la altura de mi oreja donde dijo “llévame a tu casa” por unos momentos me quede petrificado, ¿llevarlo a mi casa? Sonaba a una buena idea, pero, ¿acaso era buena idea? Y ¿Por qué lo quería hacer?, ¿por qué dudaba?, sin querer darle más importancia a eso, me puse de pie, lo tome de la mano y nos dirigimos a casa.

Todo el camino estuvo lleno de caricias, me costó concentrarme en el camino, su belleza era impactante y sus movimientos agresivos y a la vez sutiles, llegando a casa subimos a mi habitación y ahí fue donde el me empezó a besar, sus labios se sentían todavía mejor de lo que se veían, se ve que llevaba mucho haciendo esto, me quito la ropa y lamia cada parte que desnudaba de mí, la exploraba, acariciaba, el sabia como complacer a un hombre, sin esperar él se desnudó para mí, con sensualidad y suavidad, al estar completamente desnudo no pude contenerme su cuerpo parecía haber sido tallado por venus personalmente, músculos tonificados de manera sutil y perfecta, piel marrón tan suave como un tapete persa, su olor era dulce y amargo a la vez era como lamer el chocolate más fino del mundo,  carecía imperfección alguna, solo había vello en donde tenía que haber y estaba recortado de manera sutil, el tamaño de su virilidad era acorde a su cuerpo, ni tan grande ni tan pequeña, estaba circuncidado. Tomo con suavidad mi mano y la guio por su cuerpo desnudo, dejándome tocar, explorar, jugar; luego acerque mi cara y me dispuse a saborearlo centímetro a centímetro, degustando a profundidad aquel hermoso cuerpo que por esa noche me pertenecía, me sentía en el cielo pero pronto descubriría que realmente había caído al infierno y estaba ante el más perverso de los demonios.

Mis manos lo acariciaron, mi lengua lo saboreo y mi virilidad entro en él; el gemía en desesperación y deseo, lo más increíble de todo no fue sentirlo, no fue el ligero olor a sudor y excitación que despedía, no fue rodear su pequeña cintura con mis grandes manos, no fue la forma en como el me pedía por mas, lo más increíble y a la vez extraño, es que a pesar de la palpitante erección que el tenia, en ningún momento se tocó, en ningún momento termino, simplemente era como si estuviera guardando su deseo para después, es como si estuviera decidido a complacerme nada más a mí, incluso después de un vano intento por tocarlo el alejo mi mano diciendo “después habrá tiempo para mí, por ahora solo importas tu”, eso me volvía loco, me daba una sensación de control y poder inimaginable, yo lo guie, hicimos todas las poses que yo me pudiera imaginar, si ponía mis manos en su suave cuello el me daba la indicación de apretar, me dejaba morderlo, lamerlo, apretarlo; era como si el solo estuviera concentrado en mi orgasmo.

Después de 2 horas y 3 condones los dos yacíamos acostados en la cama de mi recámara, agotados después de un encuentro sexual que por fin me había satisfecho totalmente, el sobre mi pecho desnudo, su angelical sonrisa me tenía hipnotizado, pero había algo raro, algo no cuadraba, ¿Por qué estábamos en mi casa?, jamás había traído a alguna de mis citas aquí, era muy peligroso, ni siquiera recuerdo como habíamos llegado, solo recuerdo cuando él me pidió traerlo aquí y a mí me pareció buena idea, mientras empezaba a conectar los puntos de como habíamos llegado, él se levantó con suavidad, puso una mano en mi pecho y se acercó a mi oído “vamos a tomar un baño” en ese momento mi mente se nublo de nueva cuenta, olvide que estaba pensando o de que me estaba acordando solo tuve voluntad para asentir y levantarme, dirigirme a la tina y empezar a llenarla, el con su hermoso cuerpo desnudo se acercó, me beso apasionadamente y me volvió a susurrar en el oído “entra en la tina” a lo cual obedecí sin chistar, entre en la tina y me senté embobado con esa mirada tan perversa, había algo que tenía que recordar pero no podía concentrarme, se sentó a lado mío fuera de la tina, paso sus delicados dedos sobre las venas de mi brazo y alcanzo la navaja de afeitar que estaba en un lado, lamio con sensualidad la navaja, la coloco en mi mano y con un tono hambriento dijo “córtate las venas para mi” al termino de decir eso, al momento de dejar de hablar con esa voz tan sensual y provocadora, tome mi navaja de afeitar y empecé a rebanar mis brazos suavemente, mientras sus pupilas se dilataban y se relamía los labios, como saboreando lentamente un delicioso festín, algo en mi gritaba, algo en mi quería levantarse y no hacerlo, pero solo pude quedarme contemplando como lentamente mi sangre escapaba por esas largas cortadas, el me miraba, con lujuria, con deseo, con tal pasión, como si viera a su amante o su próxima cena; se acercó y empezó a lamer mis heridas, a beber la sangre que salía a chorros mientras se masturbaba furiosamente usando la sangre como lubricante, como si eso le provocara un orgasmo increíble, yo no podía moverme, sentía como mi vida se escapaba, como lo perdía todo, mi familia, mi casa….todo; una lagrima escapo mi ojo mientras esa criatura seguía satisfaciéndose con mi sangre, cada vez me sentía más débil. ¿Acaso este era mi destino? Sucumbir ante los deseos de un ser de extrema belleza, mis parpados se volvían pesados, deje de sentir, dentro de poco terminaría todo, esa sería la última vez que tuve sexo.

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