Cuando la economía es una ciencia

Cuando la economía es una ciencia, es una de las más bellas.

En sociedades ideales, nunca vistas en la modernidad, los economistas se dedicarían a saber cuántos y cuáles bienes y servicios necesitan los habitantes de una unidad administrativa. Comunicarían a las personas encargadas de producir alimentos, ropa, casas, etcétera, las características y magnitudes de las demandas sociales.

Esos verdaderos economistas pasarían todo el año conociendo los procesos productivos, los costos ambientales de la producción y las condiciones de los trabajadores empleados en los distintos sectores económicos. Serían el vínculo entre la gente en su dimensión individual y su dimensión social, verían por el bienestar material del conjunto sin dañar a nadie en su condición personal o de trabajador.

Los economistas estarían encargados de vigilar que los recursos fueran suficientes y su aprovechamiento sustentable. Pedirían a las instituciones encargadas de desarrollar ciencia y tecnología que resolvieran la insuficiencia de materias primas, en caso de haberla, o que encontraran formas de garantizar su resguardo en condiciones naturales adversas.

Cuando la economía actúa como ciencia, busca otorgar a todos los miembros de la sociedad una cantidad equitativa y adecuada de satisfactores. La economía sólo es una ciencia cuando se esfuerza por cubrir las necesidades sociales con responsabilidad, dignidad e igualdad.

La economía no es una ciencia cuando se pone al servicio de élites, pues se degrada en tareas como la explotación de los trabajadores, el aumento de las brechas salariales, la manipulación de los mercados financieros. Porque es más fácil dirigir el agua del río hacia el estanque saturado que hacia la irrigación de todos los campos, más fácil pero ingrato.

La economía no es una ciencia cuando se empeña en mantener las condiciones desiguales, excluyentes, tramposas y crueles del mundo contemporáneo.

Pero cuando la economía es ciencia, también se convierte en el arte de velar por el esfuerzo colectivo, la solidaridad, la justicia y la hermandad de los seres humanos. Sólo entonces es una disciplina francamente hermosa.

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